Sábanas

Posted by admin Category: historias

-¿Tú eres de esos que lo guardan todo?
-Yo no, mi hermano.
-Seguro que os va a encantar cuando dentro de unos años os muestre una caja llena con fotos, entradas y objetos relacionados con el grupo.
-Eso está bien, es hasta normal. Lo enfermo es que guardes el posavasos de aquel bar, el paquete de tabaco vacío que quedó en aquella mesa, el sobre de azúcar del desayuno del hotel…
-Eso es lo que os hará llorar cuando lo volváis a ver. Ahora, con las redes sociales todo queda grabado, pero no son más que imágenes sin alma. El día que notes el olor del resto de la cerveza de un cartón o veas la mancha de café en el sobre de azúcar, vais a agradecer que lo haya estado guardando todo ese tiempo.
-Cuando éramos pequeños compartíamos habitación. Al principio teníamos dos camas, una al lado de la otra con un espacio en medio. Luego con tu manía de guardarlo todo el espacio se fue haciendo pequeño hasta tener que cambiar las dos camas por una litera.
-No te quejes que acepté quedarme con la de arriba. Al menos con las literas a la mama se le pasó la manía del «conjunto»: teníamos que tener las mismas sábanas, las mismas colchas, las mismas almohadas. Cuando una se ensuciaba, se cambiaban las dos.
-No me di cuenta de cuanto espacio ocupabas hasta que te fuiste. De pronto no estabas y es espacio de la habitación se multiplicó por diez. Nos pasamos varios días bajando tus cajas al contenedor de basura.
-Suerte que yo ya me había llevado lo más importante. Lo hicisteis a mi espalda y no me dijisteis nada hasta años mas tarde.
-Te diste cuenta el día que la mama decidió quitar la litera.
-Me llamó y me dijo que si no quería mi cama, la tiraba. Fui corriendo a buscarla. Me llevé mi somier y mi colchón y compré cuatro patas para atornillar. Entonces fue cuando supe que me habíais tirado las revistas, los recortes, la ropa vieja, los libros de la escuela, los apuntes ya borrados del instituto…
-Toda la mierda.
-Unos años más tarde, en el pueblo, donde, a pesar de tener muchas habitaciones, tú y yo dormíamos en la misma: con dos camas individuales, con un pasillo en medio y con las colchas, sábanas y almohadas del mismo color; descubrí que no se había tirado todo. Una de esos días raros en los que me da por cambiar las sábanas, busqué en el armario, perfectamente agrupado y ordenado en pares del mismo color, unas limpias. Me llamó la atención que habían unas claritas escondidas en el fondo, casi blancas, fuera de contexto. Diferentes. Al sacarlas noté que al tacto eran muy finas, casi transparentes, gastadas. Al desplegarlas descubrí que tenía un bordado de letras grandes en la parte superior: un nombre en cada una de las dos sábanas: en una el tuyo, y en la otra el mío. La mama había guardado esas sábanas que tenían tantos años como nosotros.
-Así que ya sabemos que el síndrome de Diógenes es hereditario. Guardar toda la basura es tu enfermedad. Una de ellas.

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